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Ntra. Sra. de los Dolores





FIESTA: 15 de septiembre

Historia de la Hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores

    La Escuela de María Santísima de los Dolores y Congregación de sus siervos se venera en la ermita del Santísimo Cristo del Coloquio, en la Villa de Villacañas.

    Para saber los orígenes de la Hermandad, tenemos que situarnos en Italia, en el año 1233, concretamente en Florencia, donde un grupo de siete frailes fundan la Congregación de Siervos de la Virgen María.

    Los fieles que vivían en torno a esta comunidad de frailes, compartían con ellos todo, incluidas las normas y los bienes espirituales de la Orden.

    En 1607, el Papa Pablo V imparte nuevas disposiciones para las distintas cofradías, y concede al Prior General de los siervos de María la autoridad de agregar y regir la cofradía de la Virgen de los Dolores a esta congregación de servitas. Por ello y desde entonces, las cofradías de la Virgen de los Dolores se comprometen a guardar las normas que rigen en la Congregación de los Siervos.

    En el transcurso de los años, estas normas han ido cambiando según las situaciones históricas, pero lo que no ha cambiado es la devoción a la Virgen en sus dolores.

    Hasta aquí, los orígenes de la Hermandad. Ahora nos tenemos que situar en 1770, año en el que tenemos en nuestro pueblo,  a don Francisco Malo de Medina como presbítero. Él, junto con algunos fieles, solicitan al Prior General fundar en Villacañas la Cofradía de la Virgen de los Dolores. Esta petición vino aprobada desde Roma y, a partir de esa fecha, la Hermandad de la Virgen de los Dolores sigue en nuestro pueblo hasta la actualidad.

    Se fundó en el año 1770, siendo Prior General de la Orden de servitas el Rvdo. P. Maestro Fray Francisco Ramón Adami y su secretario, el Rvdo. P. Fray Pedro Costa, a solicitud del Dr. D. Francisco Malo de Medina, presbítero, y otros muchos devotos de esta villa.

    Estaba compuesta por seglares de ambos sexos que intentan imitar a los religiosos servitas, guardando y cumpliendo las normas de esta Congregación, por esto estaban un año preparándose para formar parte de la Hermandad, lo que llamaban tomar hábito y profesar. Según el decreto del Padre General de los siervos de María, ésta se basaba en la oración, meditación de la pasión del Señor y los dolores de la Virgen, en la mortificación y penitencia, el amor entre los hermanos y la caridad con los más pobres.

    Poco más podemos decir de la hermandad, ya que no existen libros ni documentos de las actividades en esta época.

    Después de la Guerra Civil, los hermanos de la Virgen, junto con el Párroco don Román Lobato, organizan la Hermandad siendo presidente D. Victoriano del Cerro, secretario D. Zacarías Pérez, tesorero D. Félix Pérez y ejerciendo como padre corrector el Párroco don Román. Comienzan restaurando la ermita con limosnas que dan los hermanos y el pueblo en general, como una herencia de don Jesús Fernández Torres.

    Con la venta de algunas fincas, pueden acabar las obras y poner el retablo. Es imprescindible que la ermita quedara restaurada para los cultos que se celebrarían en ella en honor a la Virgen de los Dolores, cuya actual imagen es comprada por un hermano, ya que la antigua fue destruida unos años atrás.

    Como datos curiosos relacionados con esta restauración de la ermita hay que decir que en 1942 se coloca el retablo que tuvo un coste de 27.813 pesetas y tuvo que ser pagado en tres veces. En el mismo año se coloca la campana del tejado que aún hoy sigue en su sitio, y tiene un precio de 1.755 pesetas. En 1943 se instalan las puertas del cancel, que tienen un valor de 3.500 pesetas.

    Como último dato, es importante decir que la Hermandad, que hasta hace muy pocos años ha corrido con todos los gastos de la ermita desde sus inicios debido a que necesitaba el lugar para realizar sus actos de culto, compró en 1950 el templete en el que procesiona su imagen, templete que, junto con su carroza, porta al Santísimo el día del Corpus. Este templete fue restaurado a los cincuenta años de su adquisición, en el año 2000.

    Una vez organizado, dan comienzo a las Coronas que se celebraban todos los viernes de Cuaresma. Consistían en la lectura del “miserere” que sólo leían algunos hombres, porque estaba en latín. Los demás hermanos estaban puestos en pie y de rodillas a ambos lados de la ermita, con capa y escapulario. Salían los penitentes de las filas y se ponían de rodillas delante de la Virgen, llevando en la mano una calavera y una vela. El sacerdote leía y meditaba la Pasión del Señor. Las mujeres estaban siempre detrás junto al cancel de la puerta. Los novicios se subían al coro para, desde allí, seguir la Corona y prepararse para profesar al año siguiente. Cuando llegaba el momento de la disciplina, las mujeres salían fuera de la ermita. Apagaban las luces. Sólo quedaba la luz de alguna vela; era el momento en que los hombres se disciplinaban. Finalizado el acto, el sacristán abría la puerta, pasaban las mujeres y acababa la Corona con el rezo de los siete dolores de la Virgen.

    El viernes anterior al de Dolores, llamado viernes de la limosna, los hermanos depositaban la limosna en un cestillo, ya que esta Hermandad nunca ha tenido cuota, se ha mantenido y se mantiene con la voluntad de cada uno. Acabada esta Corona, se llevaba la imagen a la Iglesia para empezar al día siguiente el Septenario. Este consistía en el rezo y cántico de los Dolores, sermón por un predicador que siempre venía de fuera.

    El viernes de Dolores era fiesta grande para la hermandad. Por la mañana, los hermanos se reunían en el Cristo, e iban a la Iglesia en procesión con el Corazón o Cruz de la Hermandad. Había confesiones hasta las 12 horas, que se celebraba la función o misa solemne. Acabada la misa, dejaban el Santísimo expuesto hasta la hora de la Septena. Los hermanos tenían turnos de vela y el pueblo iba y venía durante todo el día a velar el Santísimo. A las cinco de la tarde hacían la Septena en la que tomaban hábito y profesaban los nuevos hermanos. Acabada la Septena, se iban la junta y las autoridades a tomar una naranjada a casa del presidente. En la tarde-noche salía la procesión. Los hombres, como siempre, con capa y escapulario, en dos filas junto a la Virgen. Las mujeres iban detrás de la imagen. El Jueves Santo también salía la imagen de la Virgen en procesión para dejarla en la ermita, cuando el recorrido llegaba allí.

    En el mes de mayo se hacía el Mayo en la ermita y el día 15 de septiembre se decía una misa por la fiesta de los Dolores de Nuestra Señora. Con la llegada del Concilio vienen los cambios en la Iglesia y también hay algunos cambios en la Hermandad. Se renuevan los estatutos, se organiza la junta rectora, formada por el padre corrector, que suele ser el párroco, el presidente, el secretario, el tesorero, un representante del Consejo Pastoral y cinco vocales. Las mujeres pasan a formar parte activa en la Hermandad, llegando incluso a ser presidentas. En las Coronas se integra la Eucaristía, se suprime la disciplina y participan todos los fieles en la lectura del miserere, que ya se reza en castellano, contestando al sacerdote. La intención de la misa es por los hermanos que han fallecido durante el año, recordando a uno en cada Corona.

    El viernes de la limosna sigue igual que siempre, se pasa el cestillo y los hermanos depositan su limosna o donativo. Los donativos recibidos se emplean en restauraciones y usos piadosos de la propia Hermandad, en obras y mantenimiento de la ermita, en obras de caridad, atención a los más pobres y colaboración con la parroquia.

    Al final de esta corona se lleva la imagen a la Iglesia en una procesión en la que, desde hace unos años, se reza el Vía Crucis, y al siguiente día del traslado se da comienzo al Septenario. En la Septena, la innovación es que se suprime el sermón del predicador por la homilía que dice el celebrante. Estos actos tienen como centro clave la Eucaristía.

    El viernes de Dolores, desde las 17 horas, hay confesiones para los hermanos que lo deseen y se celebra la última Corona sin Eucaristía, pues se hace con el Santísimo presente que está expuesto desde la tarde- noche del jueves y que se reserva a las 20 horas, porque a las 20,30 se celebra la última Septena. Esta misa es preparada por la junta y por el párroco, con una monición de entrada, lectura, preces y acción de gracias.

    En el ofertorio se produce el rito de admisión de nuevos hermanos. El párroco los nombra y se van acercando al altar, donde recogen de manos del presidente una vela encendida. El párroco les pregunta si están dispuestos a aceptar las normas de la Hermandad, ellos contestan, besan el corazón, apagan las velas y se marchan a su sitio.

    Acabada la misa, comienza la procesión. Las mujeres, precedidas del estandarte de la Hermandad y de dos faroles, procesionan en primer lugar en dos filas con traje de falda negro, escapulario y farol. Las sigue la Banda municipal de música y a continuación, precedidos por el corazón, los hombres en dos filas con capa y escapulario junto a la imagen. El pueblo y las autoridades acompañan detrás de la carroza.

    La imagen procesiona también el día de Jueves Santo en último lugar y, cuando el recorrido llega a la ermita del Cristo, la procesión se detiene y la imagen se recoge en su ermita hasta el año siguiente. Con todo, esta Hermandad sigue desfilando en procesión en Semana Santa, y esta vez lo hace participando en la procesión del Encuentro el Domingo de Resurrección.

    Después de muchos años, se ha retomado esta procesión del Encuentro que se celebraba a las cinco de la mañana. En ella, los dolorosos llevaban a la Virgen del Rosario y hoy sigue siendo esta Hermandad la que porta a esta imagen en la procesión del Domingo de Resurrección, aunque sólo participan las mujeres que llevan en andas a la Virgen.

    Los preparativos para esta procesión comienzan el Domingo de Ramos, en el que las hermanas que desean llevar en andas a la Virgen se reúnen en la ermita del Cristo y se distribuyen en dos grupos que se turnarán en el recorrido. El día de la procesión del Encuentro, las mujeres, esta vez con traje de falda negro, camisa blanca, escapulario y sin farol, salen acompañando a la Virgen desde la Iglesia y se detienen en la plaza hasta que llegan las imágenes de San Juan y María Magdalena que le anuncian que su Hijo ha resucitado, y, finalmente la imagen de Jesús Resucitado. Tras el pregón pascual realizado por el párroco, procesionan alegremente tras el Resucitado hasta la Iglesia, donde, colocadas cada una de las imágenes a un lado del altar, se celebra la Eucaristía.

    El día 15 de septiembre se celebran los Dolores de Nuestra Señora con una misa en la ermita del Cristo, en la que también se hacen rezos a la Virgen durante el mes de mayo (el Mayo) y en Cuaresma se reza el Vía Crucis.

    La junta rectora es elegida en asamblea plenaria por votación secreta. Los tres candidatos que más votos hayan tenido, forman una terna que se envía al Prelado por el párroco, para que elija al que estime más idóneo para presidente. El secretario y el tesorero son elegidos por la junta rectora.

    La Hermandad, que actualmente cuenta con unos 250 hermanos, como miembro de la Iglesia, está íntimamente unida a la Parroquia, por lo que nunca actuará en contra o al margen de ella.

    Toda esta información se recopiló siendo párroco de Villacañas D. Gerardo Ortega gracias a la incesante labor investigadora de Dolores Zaragoza Almonacid, quien fue presidenta de esta Hermandad desde el año 1993 hasta el año 2006 y que aún hoy sigue siendo un referente para la misma.