HERMANDADES‎ > ‎

Ntra. Sra. de la Soledad




    A comienzos del año 1943 se reunieron un grupo de señoras de la localidad (Dña. Dolores Zaragoza Carneros, Dña. Carmen Roldán Ahijón y Dña. Mercédes Córdoba Pérez) con el entonces párroco de Villacañas, D. Román Lobato y le propusieron la creación de una hermandad bajo los auspicios de Nuestra Señora de la Soledad.
    Pronto recibieron la autorización y la bendición a su propuesta junto a la indicación de que no existían fondos para la adquisición de imagen alguna, hecho que se solventó con las generosas aportaciones de las señoras mencionadas anteriormente que, en septiembre de ese año se desplazaron a Madrid para comprar la imagen. En un taller de imaginería religiosa de la calle Concepción Jerónima fue encargada la imagen de la Virgen, a inspiración de las imágenes del barroco andaluz y cuya expresión recordara a la Macarena de Triana. Así mismo se encargaron la corona que luce en la cabeza y la de espinas que porta en las manos.
   
Una vez transportada la imagen a Villacañas, las tres señoras se pusieron manos a la obra para completar los detalles del atuendo y así se cortó, cosió y bordó un mano negro y se tejieron dos pañuelos de encaje de bolillos blancos, uno para su permanencia en la iglesia y otro para lucirlo durante la procesión del Viernes Santo. El delantal pertenecía a la antigua y desaparecida imagen de la Virgen de la Concepción.

    El vestido de boda de la tía de Dña. Dolores Zaragoza fue donado a la imagen por Dña. Araceli, esposa de D. Felipe Carneros.
    Meses antes de la Semana Santa de 1944, las tres señoras, junto al párroco comenzaron la andadura de la hermandad, difundiendo su obra entre amigas y conocidas, pues se trata de hermandad totalmente femenina y constituyéndose como presidenta a Dña Dolroes, como secretaria a Dña. Carmen y como tesorera a Dña. Mercedes. La respuesta fue tan favorable, que unas semanas después, varias señoras de la localidad ya eran hermanas, con una cuota anual de 5 pts, recibiendo la medalla correspondiente. Como anécdota, indicar que las primeras medallas tenían un diámetro de cuatro centímetros, estaban realizadas en aluminio mate con cinta de muaré morado, presentan el reverso liso, luciendo en su anverso, la imagen de la madrileña Virgen de la Paloma, de características muy similares a la de la Soledad.
   
Posteriormente, Dña Teresa García de Yébenes donó una gran cama de caoba con el fin de adaptarla como andas para la imagen, solución que resultó bastante pesada en su conjunto, por lo que pronto se construyó una carroza con ruedas, obra de D. Miguel García-Mochales, con varales de madera y palio morado con fleco dorado. Todos estos adornos originales permanecieron durante años gracias al mantenimiento de la directiva de la hermandad.

    También se decidió que la corona de la Virgen se luciera sólo durante los actos de Semana Santa, luciendo durante el resto del año una de estaño y piedras, elaborada artesanalmente por Dña. María Cepeda Córdoba, hija de la tesorera.
    Durante los primeros años de la década de los setenta, la hermandad atraviesa un periodo de horas bajas, que se supera en 1990 con la reanudación de las procesiones y la nueva constitución de la hermandad, ante el fallecimiento de las integrantes de la primera junta.

    Como puede verse, los inicios tuvieron lugar en una época dura en la que una enorme voluntad, imaginación y laboriosidad suplían la falta de medios.
    El nuevo auge de la hermandad impulsa nuevas inscripciónes. Actualmente la hermandad cuenta con 235 hermanas. En los últimos años se ha construído una nueva carroza, un palio, el estandarte bordado por una comunidad religiosa de Oropesa (Toledo) y el delantar reformado por otra de Quintanar de la Orden.
    También es destacable la contribución de la hermandad a obras de carácter benéfico-social, así como asociaciones sin ánimo de lucro y a obras parroquiales.